Conoce la Historia de éxito de Herlinda Guerrero en Canadá.

Me acerqué a EduLynks debido a que mi mamá y su esposo en junio de 2015 contrataron un paquete por un mes para practicar su inglés en Toronto, Canadá, así que por ello me animé a contratar un programa similar, durante el mes de marzo de 2016 en la escuela Eurocentres en Vancouver, Canadá.

No sé por qué me imaginaba Vancouver como un pueblito sin grandes construcciones, como muy campirano, así que ver que tenía una red de transporte tan grande, un barco (Seabus) que te trasladaba de North Vancouver al centro de Vancouver, bien sincronizada y en buen estado, aunado a sus casas y edificios, me gustó bastante y me cambió por completo esa falsa idea.

Algo que nunca voy a olvidar es la hermosa vista de la bahía, sus montañas, los hermosos cerezos plantados en todas sus calles; así como la puntualidad de la red de transporte, algo que las personas que vivimos en México no conocemos. Uno de los primeros días se me ocurrió llegar dos minutos tarde a la parada del camión y ¿cuál fue la sorpresa? que el camioncito ya había pasado, así que tuve que esperar 20 minutos más hasta que pasara el siguiente, obviamente ese día llegué tarde a mi destino.

Me tocó hospedarme con una familia proveniente de Filipinas en North Vancouver, la primera impresión cuando llegué a esa casa, el sábado 27 de febrero de 2016, no me agradó del todo, ya que la dueña antes que otra cosa me pidió que me quitara los zapatos ya que según sus costumbres tenía que ser así todas las veces que uno llegara a casa.

En esa casa estuve hospedada, en el sótano, sólo por una semana debido a que extrañamente esa familia nunca prendía la calefacción, así que dentro de la casa todo el tiempo tenía que traer la chamarra puesta y el baño era un congelador. Esa primera semana fue la más difícil de todas porque realmente me congelaba y no prendían la calefacción. Mi host-mother decidió darme un pequeño calentador, el cual tenía que llevar a todos lados, pero de nada servía porque el baño nunca se calentaba, la sala era grande y en mi habitación tenía que ponerme como cinco cobijas y aun así tenía frío, además era un calentador ruidoso que se prendía y apagaba, así que definitivamente no quería llegar a dormir. Lo bueno de esa casa es que la dueña cocinaba muy rico y lavaba la ropa cada viernes.

Por lo anterior, el primer día de clases pedí mi cambio, lo cual también fue una odisea ya que si por algo estaba ahí era para practicar el inglés, pero siendo el primer día no había practicado casi nada, me di a entender como pude, pero realmente fue muy desesperante, ya que la chica encargada del homestay me dijo que tenía que ser paciente, que me tenía que acostumbrar, que así era en la mayoría de las casas de Vancouver porque el pago de la calefacción les salía muy caro. Afortunadamente, lo anterior lo comenté con Catherine de Edulynks y ella me ayudó a que me cambiaran de casa a una en la que todo el tiempo estaba prendida la calefacción.

En consecuencia, el siguiente domingo me mudé a otra casa que también estaba en North Vancouver, más cerca de la estación del Sea Bus, la familia que vivía ahí también era de Filipinas, me trataron muy bien, realmente disfruté muchísimo mi estancia con ellos, la dueña de la casa, Silvia, era muy platicadora, cocinaba rico, muy buena anfitriona. No tuve ningún roommate, ya que recientemente los padres de Silvia habían llegado de Filipinas a vivir con ella, así que ya no había espacio para algún estudiante más.

Vivir en Vancouver durante un mes fue una experiencia increíble, además aproveché para conocer distintos lugares dentro de Vancouver, como Victoria, Seattle, Whistler, en este último pude esquiar, nunca antes lo había hecho, fue una experiencia inolvidable, me fascinó. Este viaje me sirvió para conocer a personas de distintas partes del mundo y su cultura. Me hice amiga de una chica japonesa que me ha estado animando para que vaya a visitarla Japón, aún no me decido.

De los aprendizajes más significativos puedo enunciar el ser puntual, quitarme la pena, arriesgarme a probar y conocer lugares, personas, comida, costumbres nuevas; por su puesto, descubrí que puedo moverme sola en un lugar a miles de kilómetros de mi hogar sin conocer a nadie, darme a entender en otro idioma, estar lejos de mi familia, y sobre todo que puedo llegar hasta donde me lo proponga.

Sin duda es una experiencia inolvidable altamente recomendable, que espero poder repetir en alguna ciudad de otro país, haciendo la anotación de que la agencia siempre debe estar al pendiente para poder realizar los ajustes necesarios, incluyendo el cambio de casa en caso de que haya algún inconveniente, como fue mi caso.

Algo que no me agradó de la escuela de idiomas es que todo el material didáctico que daban eran fotocopias, me parece que si ya había pagado por el material lo mínimo que tendría que haber hecho la escuela sería darnos los libros de acuerdo al nivel de cada persona.