Todavía recuerdo la primera vez que decidí que tenía que escribir un camino diferente, conocer el mundo, abrir mis horizontes, conocer algo más que mi casa, sentir que era libre e independiente; tenía quince años, viajaba a Carolina del Norte con un grupo, por lo que mis papás al dejarme en el aeropuerto me encargaron con todos los responsables y hasta con mis amigos. Lo único en lo que yo pensaba era lo que me esperaba al bajarme de ese avión en otro país, sola, sin mi mamá, sin mi casa, sin mi idioma y sin mi zona de confort.

Tengo que confesar que tuve varias dificultades, todo me causaba pánico y hasta pensé en regresar a casa antes de lo esperado; me era muy difícil comunicarme, lloré por la comida a los diez días; pensé en todas las veces que le dije a mi mamá “guacala” no quiero, ahora es la comida que más extraño, no sabía planchar mi ropa, tenía que compartir el baño con muchas personas y hacer fila para usar una lavadora. La primera vez que me enfermé, como deseaba las cosquillas en la espalda de mi mamá; en cambio tenía que ir caminando a la farmacia y comprar mi propia medicina, hablaba con mi familia y la extrañaba todo el tiempo, se me hacía un nudo en la garganta solo pensar en ellos.

En un abrir y cerrar de ojos el tiempo paso y yo era la más adaptada, hasta les daba señales en la calle a la gente que vivía en la ciudad para llegar a algún lugar, encontré una lavandería más cerca y más sola, aprendí a disfrazar la comida que no me gustaba y al fin aprendí a ver la vida como realmente es; con todos sus colores y sabores. Me emocionaba conocer a alguien nuevo porque así podía repetir y repetir donde vivía, como era mi país, mis costumbres, la comida, mi escuela. ¡Wow que hermoso es México!

Pueden creer que cuando regresé, yo lavaba mi ropa, tendía mi cama, todos los días le agradecía a mi mamá por la deliciosa comida y así empecé a planear mi siguiente viaje, la sed de aprendizaje en otros países se vuelve inevitable casi adictivo.

Cuando me gradúe de la universidad decidí que era lo que quería hacer; ayudar a otros jóvenes como yo a emprender este viaje, a dar su primer paso, a compartirles todo lo que yo viví y como el mundo me hizo ser una diferente y mejor persona.

Viajar es aprender

Viajar es aprender. Aprender un idioma diferente, aprender a ser una mejor persona, aprender una cultura diferente, aprender a ver la vida de una nueva perspectiva.
Viajar es conocer nuevos amigos para toda la vida, viajar es abrir tu mente y sobretodo viajar significa oportunidades personales, académicas y laborales.

Claudia Navarro fue asesora de estudios en el extranjero en los programas internacionales ITESM Campus Guadalajara, coordinador de programas internacionales ITESM campus Sinaloa, coordinador de programas internacionales preparatoria ITESM Campus Guadalajara, actualmente enfoca su experiencia en orientar a los jóvenes a encontrar el programa ideal de estudios en el extranjero.